jueves, 15 de agosto de 2013

Solamente me dijo que no

"Yo no quise lastimarte, solamente te dije que no.
No estarás acostumbrada a sentirte rechazada,
OK perdón, fue sin querer..."

Calamaro canta OK perdón y pienso de qué modo sentirme rechazada pudo hacerme cambiar objetivos, asumir desafíos, intentar nuevos rumbos.
La palabra despecho (malquerencia nacida en el ánimo por desengaños sufridos en la consecución de los deseos o en los empeños de la vanidad) acá no aplica, o sí.
Algo de la vanidad se pone en juego, ¿por qué este hombre no me eligió a mí? ¿En qué momento se decidió por otra? Y cuál fue el momento en que me di cuenta de que las ilusiones se habían agotado, dando lugar a la aridez, a la desolación. 
¿Enfrentar realidades?, me escribe un amigo. Es una opción válida, encauzar las energías hacia el trabajo, desde una perspectiva distinta, sin demasiado razonamiento, como una forma de salir corriendo sin moverse del lugar físico. Recurrir a los afectos, modificar rutinas, ponerse metas realistas que tengan más que ver con intereses, esfuerzos y hasta méritos propios que con la esperanza de que el otro venga a llenarnos el alma, a otorgar sentido a nuestra existencia. Sentirse rechazada puede ser un motor potente de crecimiento. El tema termina con la frase: “Igual somos amigos, porque para enemigos, hay un montón de gente…”. Bueno, tampoco tanta evolución...

2 comentarios:

  1. Tantas formas tiene el amor y el desamor que no hay otra manera de enfrentarlo que amando o lentamente... desamando.

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  2. Infinitas formas, tantas como cada enamorada/o y el objeto de su afecto.

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